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PACHI según el escritor y periodista salteño Juan Carlos Fiorillo.

EL INDIO PACHI ES UNA LEYENDA

En el microcine del Centro de Congresos y Convenciones de la ciudad de Cosquín se presentó el viernes 27 a las 20, la película “El Pachi. Su historia. Su leyenda”, cargada de sorpresas y diálogos que alimentaron las ganas de seguir paso a paso las alternativas que presentaba este trabajo dirigido por Fernando Morales, en donde se desgrana la vida de Patricio Barrera, el Indio Pachi, guitarrero, cantor, picapedrero y silencioso observador de la vida de su tierra, allá en Cerro Colorado.
Su pequeña chacra era el sustento de su familia, unas cabras, sembraba y de a ratos ejercía de peluquero. Se ganó el “Don” porque Pachi era un tipo común, amigo de veras, mano extendida, el pueblo lo reconocía como a uno de sus hijos dilectos, más queridos, más respetado.
Pachi, con su estilo para tocar la guitarra, hizo una escuela. Dicen que no dejó una gran cantidad de obras como legado, pero como decía Yupanqui, creía que era mejor algún día entrar en el universo de lo anónimo.
La película trata de un personaje hecho leyenda en la zona, agudo observador de los milagros rurales en un relato lleno de emociones que se van desmembrando al compás de las voces familiares que en el recuerdo avivan el fuego de los recuerdos.
Su figura delgada, su rostro aindiado, es Patricio Barrera, “El Indio Pachi”, que nació y murió en el Cerro Colorado, trabajando como picapedrero y en tareas rurales. Pero la faceta más llamativa de su vida fue la de guitarrero y compositor: “Don Pachi era un guitarrista único y con una forma muy particular de ejecutar la guitarra -comenta el músico y director Fernando Morales-. Era zurdo pero tocaba sin invertir las cuerdas”.
El título detalla esa figura singular del norte cordobés, donde sobresale la mansa costumbre del vino demorado en la pulpería del pueblo, sitio de descanso de aquellos que encuentran en los espacios amigos a los guitarreros del campo que con su ángel a cuestas le van dando fisonomía a la noche de los amigos.
Al comienzo ese caminar en la búsqueda interesada golpea en las entrañas del relato que se convierten en un rezo de puro andar.
El Indio Pachi ha nacido y se ha muerto en Cerro Colorado, allí ha encontrado el motivo para comprender su vida llena de música y trabajo, esa manera de entender el apacible tiempo de estar por estar nomás. Mirar su campechano paisaje es entender una manera de quedarse para siempre.
Cuando se cuenta que el padre del Pachi agradecido por la visita de Yupanqui a su casa por cantarle un rato por su impedimento físico, le ofreció una tierrita para tener un lugar en el mundo, es que la bondad inunda entonces al que entrega en un abrazo diciéndole “estire el lazo nomás” y el agradecimiento es eterno.
Hay tomas largas, efectos de buen gusto, el sonido deja una guitarra como desde el fondo del alma para descifrar los misterios del recuerdo entre los árboles.
Entre otras, la escena que muestra a Blanca, la esposa del Pachi, hablando sobre su marido, pega fuerte sobre el silencio reinante de la casa, como tejiendo soledades tan viejita y tan alegre recordando. Viene desde años adolescentes, apenas 15 años, cuando conociéndolo se enamoró sin más remedio que pasar el resto de su vida al lado del guitarrero, donde ella nunca siquiera cantó. Ella fue la luz, la pálida sonrisa amenizando las tardes y las largas noches donde las canciones se dejaban llevar por el viento.
Los sonidos del campo son interminables melodías haciendo caer las hojas del otoño sobre las historias vividas por un hombre que supo entretener al tiempo con su guitarra.
Don Pachi en las fotos se muestra tal cual, sencillo el hombre y su entorno, su humildad es su todo, la caracterización de los personajes renuevan un vestuario natural preñados de amarillos en lontananza y el cielo de pronto vuela en imágenes donde un duende polvoriento y enamorado se vuelve un cóndor en la inmensidad del panorama allá lejos y solo.
Ahí escucho una chacarera del Pachi como fondo musical, paro de escribir y estoy contento, cuando los valores se mimetizan en la identidad del guión con el mensaje justo para determinar una historia que quiere ser contada con el corazón, es porque al final las imágenes recorriendo el horizonte guitarrero del Pachi, caen como un cuento de amor al cancionero.

Juan Carlos Fiorillo. En Cosquín, enero 2017.

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